Enfermedad y emoción.

Últimamente o no tan últimamente se ha empezado a escuchar o por lo menos oír el rumor de la necesidad de un cambio en el paradigma educativo.

Un cambio preventivo y no paliativo…

Programas que luchan contra el fracaso escolar, programas que previenen el acoso sexual, programas que previenen el uso y abuso de drogas y alcohol. Cualquier tipo de programa de prevención, comienza con el desarrollo de las habilidades y competencias propias de la Inteligencia Emocional, uno de los motivos por los cuales creemos en el desarrollo de actividades al respecto, ya sean clases extra-escolares, programas transversales, etc…

Históricamente hemos estado más preocupados  por las malas notas que por el ahora preocupante y latente problema ANALFABETISMO EMOCIONAL.

Las enfermedades mentales constituyen una de las primeras causas de incapacitación entre los adolescentes.

Existe un aumento en la tendencia al aislamiento, a la reserva, al mal humor, a la insatisfacción, la ansiedad, la depresión, el miedo, la preocupación, los problemas de atención, el fracaso escolar…

La Inteligencia Emocional se divide en varias competencias, entre las que cabe destacar el autoconocimiento, la autorregulación y las habilidades sociales.

En cuanto al AUTOCONOCIMIENTO, es de vital importancia que sepan etiquetar sus emociones.

Como ejemplo (sacado del best seller Inteligencia Emocional de Daniel Goleman), podemos ilustrar esta carencia con el alarmante problema de que algunas personas son incapaces de captar la diferencia entre estar hambriento, enfadado o tener miedo, e interpretar todos estos sentimientos como si tuvieran relación con el hambre, una situación que les lleva a comer compulsivamente cada vez que se sienten preocupad@s, algo que por otra parte se puede convertir en un hábito arraigado, (con los problemas de conducta alimenticia asociados a estos excesos).

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En cuanto a la AUTORREGULACIÓN, la capacidad de mitigar la ansiedad, de superar la depresión o los estados de ánimo tristes, de calmar la irritación, contribuye a eliminar o mitigar el impulso de llevar a cabo comportamientos perjudiciales para ell@s.

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En cuanto a las HABILIDADES SOCIALES, los niños socialmente rechazados suelen tener problemas para registrar y evaluar los mensajes sociales y emocionales que les llegan.

Uno de los principales riesgos es el del fracaso escolar, el promedio de abandono de la escuela en los menores impopulares es hasta 8 veces superior que el de los menores que son populares en la escuela; a nadie le gusta estar donde no le quieren.

Es en la amistad y en el juego donde se adquieren las habilidades sociales que condicionan las relaciones sociales en la etapa adulta.

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Por todo esto y más, te invitamos a indagar en nuestro programa de apoyo para después de clase (extra escolar), “Educar con Inteligencia Emocional”.

En estas clases los niñ@s aprenden que es posible hacer frente a estados de ánimo como la ansiedad, el abatimiento o el enfado y que la transformación de sus pensamientos y comportamientos, les permite, en cierto modo, transformar también sus sentimientos.

Los niñ@s y adultos, aprenden a resolver de un modo más positivo los conflictos, a tener más confianza en sí mism@s, a no deprimirse cuando sucede algo inesperado y a sentir que cuentan con una red de apoyo.

Es tan fácil como ponerte en contacto con nosotr@s.

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Gracias.

Beatriz Figueroa Pérez.

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