¿Dónde reside la causa de mi desgracia?

Igual te has hecho esta pregunta alguna vez, si es así, como suelen decir los vendedores, “estás de suerte”…

Una de las cosas que tienes que hacer está en tu mano, aquí y ahora, no te costara dinero y te llevara poco esfuerzo, simplemente tienes que poner un poco más de atención a esas voces que juegan en tu mente.

Que somos seres sociales es indudable ya a estas alturas, son varios los filósofos y expertos en la materia que nos han hablado y nos hablan cada día de los efectos negativos y perniciosos de la soledad no buscada.

Pero, en la intimidad de nuestra mente, se produce cada día, a todas horas y cada segundo de nuestra vida un profundo y existencial diálogo acerca de nuestra realidad física y sentimental, este es el llamado diálogo interno que tiene lugar dentro de nuestra cabeza y que dirige en parte nuestros actos sin ser realmente conscientes del mismo.

Este diálogo aparentemente controlado y benévolo es en cambio muchas veces libre, anárquico y no tan saludable.

La manera en la que interpretamos la realidad, es sólo eso, una interpretación y al igual que la poesía, la cual yo nunca logre entender y disfrutar, la interpretación deriva de muchos factores como son los sentimientos, el estado físico del momento, las creencias, el haber dormido bien, el haber comido bien, etc… Al igual que estos factores vienen a su vez determinados por esta interpretación de la realidad; la pescadilla que se muerde la cola.

El problema está en cuando en esa interpretación de la realidad que hacemos, prima la distorsión, la adaptación de la misma a nuestros juicios erróneos, tipo; disminución de valía, juicio moralizante, victimismo, egocentrismo, pasividad, pesimismo, etc, etc…

Pongamos un ejemplo real como la vida misma:

De camino a mi trabajo me he zambullido como hago casi a diario en un diálogo interno negativo acerca de mi situación laboral.
He estado dándole vueltas a que soy el que más trabajo, el que siempre esta dispuesto a todo, el que arregla los descosidos, el que más se sacrifica y en cambio, el que menos prospera y es recompensado.
No sólo eso!
Es escandaloso la manera en la que mis compañeros abusan de mi, que no sólo me pasa en el trabajo sino también fuera de el…
Me he zambullido en una visualización negativa haciendo acopio de cientos de situaciones que tendrán lugar en algún momento, en las cuales uno de mis compañeros abusará de su autoridad de nuevo y yo me rebelaré a modo de ave fénix liberandome de su yugo apresador e imponiendo por fin la justicia universal en la oficina…
Al llegar al trabajo como no, he hecho una entrada triunfal, controlando aparentemente mi estado de ánimo, sin dejar entrever la mala uva que envuelve mis pensamientos (se me nota, sí, se me nota).
Como no podía ser de otra manera, ha surgido la discordia y yo, he respondido de manera muy asertiva. No sólo he dicho de una manera correcta lo que necesitaba en ese momento, sino todo lo que yo creo que me corresponde y todo lo que no me he permitido pedir hasta ahora, incluso he tenido el valor y descaro de echar en cara todo aquello de lo que se me ha privado en todas estas situaciones imaginarias que han tenido lugar en mi trayecto está mañana…

Triste final ha tenido esta actuación tan inconsciente.

He aquí un ejemplo clásico de como manipulamos la realidad, nuestra realidad a nuestro antojo.

¿Aún te sigues preguntando cual es la causa de tu desgracia?

Lo único que tienes que hacer a partir de ahora es ser más consciente de este diálogo que lucha en tu mente y de cómo afecta a tu posición corporal, a tu estado de ánimo, a tus palabras para con los demás, a tu duda a día, a tu carácter y por lo tanto a tu destino.

Hazlo por ti, todo lo que hagas por mejorar tus pensamientos, conseguirá elevar tu ánimo y te aportara bienestar.

Sí quieres conseguir un resultado distinto al que estas obteniendo, haz cosas distintas a las que estas haciendo o lo que es lo mismo sí quieres conseguir un resultado distinto, piensa distinto.

Hay una diferencia abismal entre ESTAR FELIZ. Y SER FELIZ, . Lo primero responde. A una causa externa a nosotros, lo segundo, a un estado emocional que creamos.

Introducimos aquí, una clasificación que hemos encontrado en la revista PSICOLOGÍA número 177.

El preocupado: Imagina siempre la posibilidad más amenazante, se muestra hipervigilante, desasosegado.

El crítico: Tiene la maza levantada contra su autoestima, soy un inútil, podría haberlo hecho mejor.

El victimista: Considera que sus problemas no tienen solución, se rinde antes de empezar, cayendo en estados depresivos.

El perfeccionista: Tengo que, debería, es intolerante con sus defectos y dependiente de valoraciones externas de aceptación.

 

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Escúchate y juzga lo que tu mismo te dices ya que puede ser que no estés del todo bien sintonizad@!

Gracias.

Beatriz Figueroa.

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