EL PRÍNCIPE y el ahora.

Había una vez una príncipe que vivía en su castillo con sus padres los Reyes. Era muy apuesto y muy rico, además de joven y enérgico, pero…se pasaba el día sin hacer nada de lo que le encomendaban, parecía darle igual aprender o no aprender las tareas propias de su futuro reinado.

Cada vez que sus padres los reyes del reino, cada vez que los bufones del reino, cada vez que sus súbditos, cada vez que su corte le imploraba solicita que se interesara por algo, él respondía de la misma manera.

Ojalá me dejarais en paz con mi suerte, ojalá fuera mayor para poder hacer lo que yo quisiera, ojalá no tuviera que aprender nada más.

Como siempre y como pasaba con todo aquello que el príncipe solicitaba, una mañana despertó teniendo aquello que tanto imploraba: Ser mayor.

Despertó el príncipe en su lecho siendo mayor, debía de tener al menos 20 años…

No recordaba haber dormido tanto y tampoco recordaba haberse llevado un ovillo de hilo de oro a su lecho, pero allí estaba a su lado, un ovillo enorme de hilo de oro brillante.

Cuando cogió entre sus manos el ovillo de oro para poder salir de su cama, este le habló.

Le dijo que en sus mano tenía la posibilidad de ir viendo su futuro a medida que tirara del hilo de oro, pero que debía tener mucho cuidado ya que el hilo era a su vez el tiempo de su vida.

Al principio el príncipe muy contento con su nueva edad y situación, decidió no hacer nada con el ovillo, pero más tarde, desilusionado con su nueva edad, como le pasaba con todo, comenzó a tirar del hilo de brillante oro.

A medida que iba tirando del hilo, se iban sucediendo ante sus ojos los acontecimientos de su vida; una esposa, unos hijos, grandes cenas, cacerías…cuando el príncipe volvió en sí, ya no tenía 20 años sino 100 y su cara estaba plagada de arrugas y sus ojos casi no veían.

Quiso entonces volver a hilar el brillante hilo de oro para recuperar así su tiempo y su vida, pero tan solo quedaba un pedacito de hilo entre sus manos, tan corto que al príncipe solo le dio tiempo a darse cuenta de cuán necio había sido desperdiciando su tiempo…

 

Beatriz Figueroa (basado en el relato de educapeques).

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