Inteligencia Emocional en la 3ª Edad.

Esta entrada de hoy va de la experiencia, propia y ajena.

Son ya varios los cursos, talleres y charlas que he llevado a cabo para hablar y formar a personas sobre ¿Qué es? y ¿Para qué sirve? la inteligencia emocional. Buscando siempre sobre todo para expandir los beneficios que he comprobado que tiene tomarse en serio las emociones para mejorar la satisfacción personal y laboral.

Antes era seguidora de la idea o premisa, de que la inteligencia emocional se adquiere a lo largo de la vida, con la experiencia que nos va dando la misma y que aunque todos nacemos con las capacidades de las que se habla en los diferentes modelos, desarrollamos estas competencias en mayor o menor grado.

Hay varios modelos a seguir y experimentar en el entrenamiento de la inteligencia emocional, pero principalmente se describen en todos ellos las siguientes competencias. (Para saber más dirigirse a Salovey y Mayer, Linda Lantieri, Daniel Goleman, Pablo Berrocal, Rafael Bisquerra…o a la sabiduría popular).

1.- Conocerse a uno mismo. Quien se conoce tiene la llave para conseguir cualquier cosa y ser feliz, de ahí que esta competencia sea la primera y por ende la más importante. Todos los cambios y mejoras que intentes hacer en la vida, han de estar basadas en una profunda inmersión en ti mismo.

2.- Regular nuestras emociones y respuestas. Una vez que conoces cómo te afectan las cosas, podrás comenzar a manejar tu comportamiento para conseguir lo que quieres. Ser más consciente de uno mismo y de cómo llegas a lo que llegas.

3.- Conocer lo que te motiva y cómo lo hace. Que cosas te apasionan, que momentos buscar para trabajar, pensar o hablar. Sitios o personas a evitar. Saber qué es lo que te hace colocarte en tu mejor versión y qué cosas tiran de tus pies para hundirte en el barro. No todas las cosas, lugares, acciones y personas sirven para todo y para todos.

4.- Empatizar. Saber transigir, delegar, permitir, liberar, liderar, escuchar, entender, ampliar, ayudar y crecer. A menudo empatizamos bien con aquellas personas que consideramos están sufriendo pero, la verdadera empatía se demuestra con aquellos que no nos resultan tan afines.

5.- Relacionarnos. Somos seres sociales, necesitamos a los demás para sobrevivir, física y espiritualmente. Nacemos para amar, cuidar, reír, compartir, en definitiva vivir. Vivir con otros puede convertirse en el mayor placer o en una cruel tortura. Si vamos a vivir en compañía, que sea para bien, con discusiones, con desacuerdos, con abrazos, con besos, pero siempre aportando, sumando y acompañando.

Por poner un ejemplo, todos nacemos con la capacidad de reconocer las emociones, regular nuestro estado emocional, comunicar, pero y esto es una gran verdad, no todos desarrollamos estas capacidades por igual. No todos comunicamos igual de bien, no todos regulamos nuestras emociones de la misma manera y por lo tanto y bien sabido es, no todos conseguimos los mismos resultados.

En muchas ocasiones he afirmado que la inteligencia emocional es aquel saber estar que ta va dando la vida, llegando a afirmar en alguna ocasión que evidentemente, siguiendo esta idea, es más inteligente emocionalmente hablando una persona mayor con toda su experiencia, que un niño.

Hoy quiero poner en tela de juicio esta afirmación, hoy digo y afirmo que no, que un adulto no tiene porqué tener más pericia emocional que un niño o un adolescente, es más me atrevería a decir que en muchas ocasiones, todo lo contrario.

Desde que en el año 2013 comencé a llevar a cabo sesiones individuales centradas en el desarrollo de la autoconciencia, el autoconocimiento, la empatía y la mejora de las habilidades sociales y por tanto el bienestar personal, he tratado con todas las edades.

Sesiones individuales y grupales con niños, adolescentes, familias, mujeres, desempleados y mayores. Mayores y tan mayores, de 70 en adelante.

Personas mayores derivadas por sus hijos, hijos estresados por la necesidad de entender a sus padres, de sobreponerse a ese nuevo papel de hijos, de perdonar esa tristeza que da el querer hablar y no poder.

Psicológicamente hablando, se dice que la vejez o tercera edad es la edad de la plenitud, la edad del equilibrio, de la consecución de un estado más o menos estable de felicidad o bienestar debido a la madurez y claridad de la mente.

¿Es así?

La mayoría de las veces si puede ser así pero, hay otra vertiente no tan agradable y tan cierta como esta.

La tercera edad puede convertirse en una etapa de transición y adaptación dura y poner en compromiso la felicidad y el bienestar de toda la familia.

Enemigos del equilibrio personal en esta etapa son los miedos, la soledad, la enfermedad, la pérdida de agilidad física, la fragilidad de la memoria (los pequeños olvidos acontecen para dejarnos mal), la falta de comunicación con los hijos, la tristeza ante la pérdida de amigos…

Todos estos cambios hacen que haya dos vertientes en la vejez; una en la que parece que da el sol, en la que habiendo logrado casi todas las metas planteadas en la vida (un trabajo, una casa, una pareja, hijos, la jubilación)  podemos ya tendernos a disfrutar de las mismas y dejar que nos cuiden y la otra vertiente, en la que más que el sol da la sombra que parece arrastrarnos a la frustración y que se ve casi siempre vacía de apoyo.

El situarse en la vertiente soleada o en la vertiente sombría, depende en gran medida de la madurez emocional o grado de inteligencia emocional que la persona haya cultivado y conseguido a lo largo de su vida.

Hay quien aprende y hay quien no aprende nunca, por eso aseguro que el saber emocional quizás no lo den únicamente los años.

Generalmente la vida nos pone en situaciones complicadas y dolorosas en las que afortunadamente aprendemos de los errores y cambiamos.

Aprendemos que el orgullo no siempre es buen consejero ni amigo, aprendemos que llevar siempre la razón a largo plazo solo aleja a los que queremos, aprendemos que gritar no es tan sano como creíamos, aprendemos que callarse las cosas nos lleva a perder oportunidades, aprendemos que el cuerpo cambia y que lo más importante es quererse a uno mismo, aprendemos que lo que ahora importa mañana será humo, aprendemos que los enfados solo cargan la mochila de piedras y aprendemos muchas cosas más.

Pero es difícil.

Es difícil sobre todo para quien no se ha sentido querido de niño, es difícil para quien no le dejaron hablar, es difícil para quien no le enseñaron a decir como se sentía o manejar sus emociones, es difícil para quien lo ha pasado tan mal que no quiere intentarlo, es difícil para quien aún se siente herido, es difícil para quien se vio rodeado siempre de carencias, es difícil.

Por eso afirmo que quien no aprendió o a quien no le enseñaron de niño ciertas cosas, es muy difícil que las desarrolle de adulto. Difícil pero no imposible y la inteligencia emocional y la psicología positiva se encargan de ello.

Si una persona no tuvo oportunidad de niño de aprender a gestionar sus emociones correctamente, difícil es que ahora, en su vejez, las regule bien.

¿Quién no ha tenido alguna vez una discusión por algunos miedos de los padres, sus creencias limitantes, sus clichés y prejuicios?

En la edad adulta, se hace necesaria una comprensión aún mayor que en la etapa infantil. Los niños son ágiles y libres pero no lo son tanto los abuelos.

Un anciano solo en la luna.

Con lo cual quiero decirte que, tomes lo siguiente en cuenta.

Si tienes menores a tu cargo:

1.- Los niños aprenden mucho más rápido y mejor que los adultos, actúa ahora no dejes que llegue a adulto con carencias.

2.- Cada niño es diferente y tiene su ritmo hay que respetar siempre sus tiempos, que haya un retraso no quiere decir que haya una incapacidad para el desarrollo.

3.- Los niños son trasparentes en su lenguaje, lo que no saben decir con palabras, lo dicen con actos.

4.- Un niño que no disfruta, se asombra, prueba o investiga muestra carencias emocionales.

5.- Un niño que nunca se opone o busca su lugar puede haber asumido que no vale la pena.

6.- Escucha antes de hablar.

7.- No razones, actúa, haz. Ellos aprenden de lo que ven.

8.- Ríete de la lógica de su imaginación.

9.- Respeta siempre su emoción preguntando qué siente sin imponer tu criterio.

10.- Muéstrale que lo quieres, haga lo que haga y diga lo que diga.

 

Si tienes mayores a tu alrededor, tomes esto en cuenta:

1.- Son personas adultas, mayores a respetar. Es la única manera de que tus menores aprendan de ti.

2.- Sus “malos” comportamientos responden a causas físicas y emocionales. Pregúntales porqué de su comportamiento.

3.- Son dueños de su propio destino, aún y siempre. Escucha sus ideas.

4.- Quizás hayan pasado por dificultades que tu desconoces, se puede preguntar antes de juzgar.

5.- La memoria a corto plazo puede enlentecerse pero eso no significa que sean más tontos, aprende de su sabiduría.

6.- Hacerse mayor es muy duro, trata de empatizar.

7.- La mejor herramienta contra la tristeza es aprender algo nuevo.

8.- Un cuerpo sano es la llave para una mente sana y viceversa.

9.- Asume un nuevo papel y acepta la pérdida del anterior. Si, a veces son como críos.

10.- Cuando no puedas sobrellevar la situación, trata de mejorar en lo que puedas, tú, sólo si tu mejoras él o ella mejorarán. Necesitan tu mejor cara, tu yo más comprensivo. No los envíes a terapia, ve tu a terapia.

 

Si crees que puedes mejorar alguna de tus competencias emocionales, tomes esto en cuenta:

1.- El silencio es una pregunta poderosa pero callarse las cosas puede ser fuente de enfermedad.

2.- Se aprende practicando. Si quieres mejorar tendrás inevitablemente que probar.

3.- Nadie nace aprendido. Equivocarse es avanzar.

4.- El mayor bienestar está en las relaciones que estableces. Cultiva la amistad.

5.- Ir al psicólogo no es cosa de locos.

6.- Para la tristeza, aprender algo nuevo.

7.- Para el miedo, probar y experimentar poco a poco pero sin descanso.

8.- Para la ira, respirar, evaluar, comunicar asertivamente.

9.- Para cuando ya no puedas más, para cuando no sepas hacia donde caminar, buscar la persona correcta que te sepa escuchar.

10.- Siempre hay algo que mejorar, no para ser perfectos sino para seguir aprendiendo.

Afortunadamente la vida es asombrosamente bonita para los que se proponen disfrutarla y un laberinto para quien desconoce como hacerlo.

 

Gracias de nuevo.

 

Beatriz Figueroa Pérez.

Coaching personal e Inteligencia Emocional.

 

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