Yo quiero cambiar.

Yo quiero cambiar.

¿Cuántas veces nos hemos planteado realizar un cambio en algún ámbito de nuestra vida?

¿Cuántas veces nos hemos levantado de la cama con ese cambio entre las manos, aparcándolo más tarde para olvidarnos para nunca jamás?

¿Cuántas piedrecitas pequeñas somos capaces de soportar dentro de nuestros zapatos?

Las personas, vivimos en un continuo de adaptación, a veces menos adaptados a nuestro entorno y otras veces más. Si hay alguna definición de vida que me guste es esa, la de que la vida es un continuo de adaptación.

Cambiamos de manera imparable y constante, desde la mañana a la noche con la renovación celular y el envejecimiento, desde críos hasta adultos con la adquisición de nuevos aprendizajes, cambio de creencias y visión del mundo.

Nos movemos más debido a causas que no queremos que a causas que queremos.

Un accidente, un despido, una ruptura de pareja o un hij@, en estas situaciones nos vemos obligados a cambiar, a reestructurar y adaptar y lo hacemos, más o menos rápido y más o menos bien, pero lo hacemos.

Cuando nada de esto ocurre nos cuesta cambiar, tanto que a veces no lo hacemos, podemos vivir tranquilos aún con esas piedras en los zapatos. Un trabajo que no nos gusta, una pareja que no nos acaba a llenar, un cuerpo del que no estamos nada satisfechos, pero aún así seguimos caminando con ellas.

A mí nadie me ha enseñado cómo cambiar, a mí nadie me ha enseñado para qué cambiar y lo más importante a mí nadie me ha enseñado qué es lo que me hace volver una y otra vez a mi punto de partida.

¿Para qué tengo que cambiar?

La primera pregunta a responder podría ser esta. La respuesta está clara y suena muy bien; para ser feliz, para hacer lo que te gusta, para desarrollarte plenamente, para alcanzar tu mejor yo, para dejar de sufrir, para llegar a donde quieres, etc…

Hay más, el caso es que debería cambiar para ganar flexibilidad, para ir más allá de donde siempre has ido y comprobar que no tienes tantos límites, para aprender cosas nuevas que te permitan ser feliz, para enseñar a los demás, para ser más libre.

Existe la llamada ZONA DE CONFORT, ¿te suena?

La zona de confort es aquella zona de nuestra vida y desarrollo en la que estamos seguros, tranquilos, sufriendo un poquito pero resguardados, es la zona donde nos movemos casi todo el tiempo y algunos toda la vida.

Es la zona donde se aprende menos, se arriesga lo mínimo y se sufre un poco pero se aguanta.

Eres feliz, lo sabes, pero aún puedes serlo más.

Tras la zona de confort está la llamada zona de pánico, esa zona que no queremos conocer ni en pintura pero que lamentablemente conocemos a veces y no por decisión propia, es la zona donde nos lanzan sin avisar cuando sufrimos un despido, una ruptura no esperada, un accidente, una enfermedad o un problema familiar.

Lamentablemente ya que es una zona a la que nos lanzan sin haberlo esperado, no solemos estar preparados, esto puede conllevar trágicas consecuencias. Hay quien termina adaptándose, conociendo una vida nueva al haber descubierto que sus límites eran mucho menores de lo que creía. Hay quien termina por volver a su zona de confort, ahora más limitada todavía.

Afortunadamente entre la zona de confort y la zona de pánico, está la zona de aprendizaje, una zona nueva que expande la zona de confort. Está justo al lado y podemos explorarla cuando queramos, como queramos lo que poco a poco amplia las fronteras de la zona de confort.

Se trata de una zona donde no estamos tan seguros, pero es una inseguridad que pica, que mola, que nos gusta y que nos permite ver aún el origen. Es una zona donde no estamos realmente a gusto ya que estamos haciendo cosas nuevas, hasta que llega el día en que las arenas movedizas de esta zona, se convierten en suelo firme y duro, como de hormigón armado.

A aceptar cambios y ser más flexible también se aprende. Pronto descubrirás que no hay límites que no puedas eliminar en tu camino, que siempre hay una manera de pasar el obstáculo. Estás en la zona mágica.

“Es como viajar por el mundo o elegir quedarte en la casa de tu abuela en el pueblo, algo parecido pero nada que ver”.

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Pero ¿Por qué no cambio?

Si tras unos cuantos intentos seguimos sin poder cambiar algo, si siempre acabamos en el punto de partida, se debe a que nadie nos ha enseñado a cambiar, de ahí la razón del Coaching, guiar el cambio.

El cambio personal es difícil, nos cuesta tiempo y esfuerzo.

¿ Le he dedicado tiempo?, ¿ me he esforzado?, ¿ podría intentarlo una vez más?

Tenemos la creencia de que cambiando el envoltorio cambiará el contenido, eso señores, sabemos que no es cierto.

Las personas nos componemos de:

1.-  Hábitos, costumbres, maneras de hacer las cosas, sitios donde vamos y personas que frecuentamos.

2.- Cualidades, capacidades, saberes y experiencias.

3.- Creencias acerca de uno mismo, creencias acerca del mundo, jerarquías sociales, normas familiares y juicios.

4.- Idea acerca de uno mismo, lo que soy , lo que puedo hacer y para lo que estoy aquí.

Como una cebolla las personas muestran al exterior su capa superficial, aquella que se ensucia, que se ve, que se puede quitar rápidamente, formada por el entorno que nos rodea, los hábitos y comportamientos que nos caracterizan. Es ahí donde generalmente hacemos el cambio, lo que lleva a que no ese cambio no sea permanente.

Tras esa primera capa, queda toda una cebolla que guarda lo que somos realmente. La capa siguiente, las cualidades y capacidades que nos caracterizan. Capa interior creencias, juicios e historia. Capa más profunda, la identidad, ¿quien soy yo?. Es ahí donde debe comenzar nuestro cambio.

Un ejemplo:

Imaginemos una persona que está sufriendo una leve depresión, de carácter introvertido y alguna vez la han penalizado socialmente. Esto ha dado lugar a un pobre concepto de si misma, para nada real o justificado.

Al iniciar el cambio, para que este fuera correcto y exitoso, esta persona debería comenzar por evaluar la idea o concepto que tiene de si misma. Ir poco a poco filtrando y examinando esas creencias para nada reales ni justificadas que le han hecho llegar a ese lugar.

Una vez limpia de esas creencias podría evaluar correctamente sus capacidades e incluso aumentar las mismas o adquirir unas nuevas. Dando lugar a una persona nueva, más libre, fuerte y segura de si misma.

Pero lo normal a priori en esta sociedad, sería empezar a enfrentarse a situaciones algo arriesgadas para ella, animada por familia o amigos en su constante afán de ayudar, dando consejos y lecciones. Esa persona podría acabar enfrentándose a situaciones que no les gustan, e incluso obtener un mal resultado que solo serviría para reafirmar que no vale para eso.

Una vez ampliado un poco más el concepto del cambio personal con este humilde artículo, espero y os animo a que os adentréis en el apasionante mundo de aprender cosas nuevas y superar cada día algo nuevo.

No sólo aprenderás a flexibilizar sino que también reforzará tu autoestima.

Visitar un lugar distinto, conocer gente nueva, hacer algo que nunca hayamos hecho, cambiar de estilo de vestir, cambiar de programa de radio o adentrarse en una aventura.

Y recordad que un buen cambio comienza de dentro hacia fuera.

 

Gracias.

Beatriz Figueroa.

Coach personal de Bebambu.

 

 

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